25 junio 2011

ya estamos en casa

Han pasado 7 meses desde que me tuve que ir de Xai-Xai corriendo, llorando y suplicando que la pérdida de líquido amniótico no se llevara la vida de mi niña por delante. Recuerdo el instante de mi salida de Khanimambo a la perfección, porque durante estos 7 meses lejos, lo he revivido muchas veces.

Recuerdo el respirar de Paciencia, cuando me puso la mano en mi pecho para tranquilizarme y el abrazo de Nani sin más palabras que las que las dos repetíamos “esto tiene que salir bien” . Qué mal lo pasamos. He intentado ser muy positiva en toda esta pesadilla pero ahora que hemos vuelto puedo dar por acabada la pésima experiencia que vivimos cuando la vida de Martina estuvo en peligro.

Separarme tan bruscamente de los niños de Khanimambo y de Xai-Xai ha sido horrible. He llorado mucho al no poder tener la libertad de volver, lo que me ha hecho sentir aún más profundo mi lazo con Mozambique. No quiero vivir lejos de esto.
Cuando volvíamos a Xai-Xai con Martina sentada en la chapa, iba deshaciendo camino al mismo tiempo que deshacía los malos recuerdos. Todo iba borrándose a medida que nos acercábamos a Praia. Ya estamos de vuelta, y parece que nunca nos hayamos ido.

No sólo nos necesitan los niños para vivir mejor, ahora sé que nosotros también les necesitamos a ellos para sentirnos vivos, para ser tan felices como somos aquí. Nuestra relación se ha reforzado con la separación, y todos estamos haciendo esfuerzos para que Martina esté feliz aquí.
Llegar a Khanimambo por las mañanas me hace sentir en casa. Mi despertar de los últimos meses lejos de esta rutina ha estado vacío, me han faltado, sin duda, sus gritos, sonrisas, abrazos, quejas, risas, mocos, juegos, problemas, y caricias.

Y ahora hay una niña más en Khanimambo, una blanquita a la que todos quieren coger en brazos. Una niña que crecerá a partir de ahora rodeada de muchos hermanos que ya la adoran.



Martina, a lo mejor algún día lees esto, hoy empieza tu aventura africana mi vida, y Papá y yo estamos a tu lado para hacerte lo más feliz posible dentro de este rinconcito de África. Bienvenida Martina, a la magia de Khanimambo.