03 noviembre 2010

la primera madre

Es pedir demasiado a la vida, sujeta de un hilo para mujeres como Belinha. ¿Cuándo dejó de luchar? ¿Cuándo dejó de ver a sus hijos para hacer frente al SIDA?
Aquí la muerte tiene una dimensión diferente, ¿Cuál es la diferencia entre estar vivo y muerto? ¿Por qué sigo creyendo que es una pena que no se tengan tanto apego entre sí, si lo único que hacen es evitar sentir las ausencias que enfermedades como el SIDA dan? ¿Por qué la muerte es siempre vivida como un drama, si estar vivo en las condiciones de Belinha es mucho peor que cualquier infierno? ¿Egoísmo de los que nos quedamos? ¿Desesperación por que ella también viva feliz? ¿Responsabilidad sobre unos niños, hoy ya huérfanos?
Ayer se murió la primera madre que entró en mi vida mozambiqueña, dejándome con aquella primera imagen más latente que nunca cuando una pequeñaja de 5 años llamada Ericilete me llevó hacia su casa para así empezar a conocer a la primera de tantas familias que formarían parte de Khanimambo.
Hoy la realidad es que los dos adultos que en aquel momento cuidaban de tres niños están muertos, y Ericilete, Helton y Rodrigues huérfanos tanto de padre como de madre. ¿Qué sería de ellos sin Khanimambo?
Una madre debería ser alguien indestructible al menos durante unos determinados años de vida de los hijos. Debería ganar un “bonus” de vida al dar vida… porque no hay nadie más necesario que ella para que sus hijos crezcan felices, seguros, fuertes.
Helton y Ericilete querían mucho a su madre, a pesar de que ella hizo lo posible para no apegarse a ellos, no los cuidó bien y sufrieron de pobreza de mimos. Pero era su madre, y una madre es una madre, y se la quiere por encima de todo.



Guardaré todas las imágenes de Belinha con vida, para algún día hablarles a sus hijos de los guapa que estaba el día que recibió una falda corta en Khanimambo y por fin todos pudimos comprobar lo bonitas que tenía las piernas, o el día que Ericilete cumplió 6 años y lo contenta que estaba con la fiesta improvisada que hicimos en el porche. Les hablaré de cómo su madre tenía una complicidad especial con Kena, y cómo era de graciosa cuando defendía sus posturas indefendibles. Fue una madre para su hermana pequeña, que hoy le llora a “su mamani” cuando su marido la maltrató y la acogió en su casa. Dejaré a un lado el abandono en la lucha contra el SIDA, y todo el sufrimiento que se ha quedado en el camino, dejando unas huellas en la arena de una persona que no quiso vivir. Eso, no tiene sentido que lo sepan.
La vida me ha dado dos niños más a los que cuidar con todo mi corazón, los tengo dormiditos en mi regazo en pleno velatorio de su madre, y sé que están tranquilos porque saben lo que aquí en Xai-Xai significa Khanimambo. Toda la seguridad que yo he sentido en la mano de mi madre cuando la he necesitado, es igual que confianza que sienten estos niños en la palabra Khanimambo.

4 comentarios:

KENIT dijo...

Un saludo.
Me ha encantado leerlo.

Hechadesilencios dijo...

Saludos solidario de admiracion desde el otro lado del mundo.

Hechadesilencios dijo...

Saludos solidarios

Raul dijo...

Me ha encantado leerlo.


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