22 agosto 2011

Nunca le había visto tan limpio.



Tengo clavada esta mirada de Chico: 


Chico, febrero 2008
 Esta foto se la hice el día que toda la comunidad de Praia enterraba a su madre. Chico y su recién llegada al mundo hermana Rael estaban conmigo en el momento del entierro,  y la expresión de este niño me ha acompañado desde el día que le hice esta foto. 

Me ha hecho sentir tantas cosas. 

Recuerdo el día que se quedó dormido por primera vez en mis brazos, era tan pequeño, y estaba tan solo en el mundo.


Han pasado cuatro años, cuatro años en los que hemos sufrido muchas cosas juntos: la absoluta dejadez de su abuela y el poco o nada cuidado que ha tenido para que su nieto esté bien, las mil y una escapadas de Chico del colegio negándose a estudiar, los mocos, las ojeras, la ropa siempre sucia, las chanclas que perdía al día siguiente de estrenarlas, las respuestas que nunca dio cuando todos le preguntábamos si estaba bien… ese silencio que le ha acompañado demasiadas veces.



Chico no estaba bien, todos lo sabíamos pero hemos querido agotar todas las posibles soluciones para evitar separarlo de su familia. Hace dos semanas, tuvimos que dar el paso. Chico pasaba a vivir una temporada con nuestra queridísima Amancia, la profesora de la guardería, la que tanto cariño da a los niños enseñándoles que el respeto hacia los demás es el único camino, cómo estando limpios podemos estar más sanos y mil cosas más que hacen que los niños de Khanimambo la adoren. Ayer Chico le llamó Mamá por primera vez.


Chico estrena casa, cama, hermanos, rutina, buena alimentación, mimos, y sobre todo una madre. Está feliz, lo transmite cada segundo de las últimas dos semanas, y cuando lo hace me cruje por dentro la culpabilidad de no haber dado este paso antes.
 

Amancia ya le ha enseñado a bañarse bien, a lavar su ropa y la importancia de ir limpio todos los días. 
¡¡Chico hasta usa cinturón ahora!!!! 

Le dimos una mochila nueva el día que se fue a casa de Amancia, y todavía no la ha perdido, todo un logro. Sus dientes están relucientes y cuando le pregunto: ¿te gusta la tía Amancia mucho o poco? Me contesta: ¡¡¡ no es poco!!!!



08 julio 2011

todo cambia

Mozambique ha cambiado mucho en los últimos 4 años, recuerdo con mi amiga Julia, aquel Xai-Xai en el que las latas de atún y los baches infinitos en la carrtera eran todo lo que había en esta ciudad que hoy inaugura un KFC (Kentucky Fried Chicken).


Aquel Xai-Xai que me recorría andando de punta a punta con una cesta azul para hacer la compra, con un mercado oscuro donde los toldos negros y el barro lo eran todo. Recargas de móvil no superiores a 50 Mt (1, 25€), una tienda de indianos donde la compra se pedía en el mostrador, en el que una reja te separaba de un indio con cara de pocos amigos. Dos cajeros automáticos, y un ordenador público para conectarse uno a internet en TDM. El Xai-Xai viejo, donde lo único que destacaba era una iglesia desproporcionada y una Escuela de enseñanza secundaria (Joaquim Chissano) recién pintada, ese Xai-Xai es hoy un recuerdo.

Ahora todo ha evolucionado y yo con esta ciudad. Estrenamos carretera, cajeros automáticos, supermercados, varias farmacias (una 24 horas abierta), blackberrys, autobuses TPM, jardines, mercado nuevo… pero hay una cosa que creo que nunca cambiará en esta ciudad y por extensión, en este país: la lentitud de la administración!!!

Mozambique, mi querido Xai-Xai, espero que nunca pierda la esencia que tanto me ata aquí, la actitud africana que hace que después de 4 horas tramitando cualquier documento, te acabes riendo con el funcionario de turno y posiblemente te despidas de él, llamándolo AMIGO.

25 junio 2011

ya estamos en casa

Han pasado 7 meses desde que me tuve que ir de Xai-Xai corriendo, llorando y suplicando que la pérdida de líquido amniótico no se llevara la vida de mi niña por delante. Recuerdo el instante de mi salida de Khanimambo a la perfección, porque durante estos 7 meses lejos, lo he revivido muchas veces. Recuerdo el respirar de Paciencia, cuando me puso la mano en mi pecho para tranquilizarme y el abrazo de Nani sin más palabras que las que las dos repetíamos “esto tiene que salir bien” . Qué mal lo pasamos. He intentado ser muy positiva en toda esta pesadilla pero ahora que hemos vuelto puedo dar por acabada la pésima experiencia que vivimos cuando la vida de Martina estuvo en peligro. Separarme tan bruscamente de los niños de Khanimambo y de Xai-Xai ha sido horrible. He llorado mucho al no poder tener la libertad de volver, lo que me ha hecho sentir aún más profundo mi lazo con Mozambique. No quiero vivir lejos de esto. Cuando volvíamos a Xai-Xai con Martina sentada en la chapa, iba deshaciendo camino al mismo tiempo que deshacía los malos recuerdos. Todo iba borrándose a medida que nos acercábamos a Praia. Ya estamos de vuelta, y parece que nunca nos hayamos ido. No sólo nos necesitan los niños para vivir mejor, ahora sé que nosotros también les necesitamos a ellos para sentirnos vivos, para ser tan felices como somos aquí. Nuestra relación se ha reforzado con la separación, y todos estamos haciendo esfuerzos para que Martina esté feliz aquí. Llegar a Khanimambo por las mañanas me hace sentir en casa. Mi despertar de los últimos meses lejos de esta rutina ha estado vacío, me han faltado, sin duda, sus gritos, sonrisas, abrazos, quejas, risas, mocos, juegos, problemas, y caricias. Y ahora hay una niña más en Khanimambo, una blanquita a la que todos quieren coger en brazos. Una niña que crecerá a partir de ahora rodeada de muchos hermanos que ya la adoran. Martina, a lo mejor algún día lees esto, hoy empieza tu aventura africana mi vida, y Papá y yo estamos a tu lado para hacerte lo más feliz posible dentro de este lugar de África. Bienvenida Martina, a la magia de Khanimambo.

22 mayo 2011

Defiendo Khanimambo


Defender Khanimambo es ya una obligación dentro de mí. Porque cuando lo hago, defiendo los sueños de cada uno de estos niños que me llaman Tía Alexia.

Leer este blog es siempre un consuelo para recorrer el camino tan intenso que me trae de vez en cuando  a este ordenador llenísima de ideas que escribir. Tengo que parar, y respirar. Y no olvidar nunca que lo que de verdad significa Khanimambo.
Porque esta palabra rara, estas 10 letras juntas significan tantas cosas lejos de la hipocresía que a veces tiene la solidaridad: familia, igualdad, justicia, verdad, generosidad, lucha, sonrisa. Significa oportunidad de que las cosas  a veces sí se pueden arreglar / cambiar.

Me sincero con el teclado… sé que no soy la misma que antes. ¿Cómo podría serlo? He ido dejando por el camino muchas cosas y muchas personas que de alguna manera me impedían estar donde debo estar: aquí. Y a veces es triste y duro mirar para atrás y saber que en todas las decisiones se pierde algo, pero sé que también se gana. Y en mi caso, eligiendo siempre por el bien de Khanimambo, ganan muchos niños.

Defiendo Khanimambo porque creo con toda mi energía y certeza que el proyecto vale muchísimo, muchísimo más que cualquier otra cosa que pueda perder. Yo no soy ni de lejos tan importante como todo lo que estos niños se merecen. O todo lo que ellos llegarán a ser.

El camino es largo, y no tengo miedo de seguir.

Siempre he dicho saber a dónde llegará Khanimambo, y lo sé. Pero es impredecible todo lo que nos ocurrirá por el camino, aunque ando tranquila, y con paso firme, sabiendo que me agarran de la mano tantísimas personas buenas.



03 noviembre 2010

la primera madre

Es pedir demasiado a la vida, sujeta de un hilo para mujeres como Belinha. ¿Cuándo dejó de luchar? ¿Cuándo dejó de ver a sus hijos para hacer frente al SIDA?
Aquí la muerte tiene una dimensión diferente, ¿Cuál es la diferencia entre estar vivo y muerto? ¿Por qué sigo creyendo que es una pena que no se tengan tanto apego entre sí, si lo único que hacen es evitar sentir las ausencias que enfermedades como el SIDA dan? ¿Por qué la muerte es siempre vivida como un drama, si estar vivo en las condiciones de Belinha es mucho peor que cualquier infierno? ¿Egoísmo de los que nos quedamos? ¿Desesperación por que ella también viva feliz? ¿Responsabilidad sobre unos niños, hoy ya huérfanos?
Ayer se murió la primera madre que entró en mi vida mozambiqueña, dejándome con aquella primera imagen más latente que nunca cuando una pequeñaja de 5 años llamada Ericilete me llevó hacia su casa para así empezar a conocer a la primera de tantas familias que formarían parte de Khanimambo.
Hoy la realidad es que los dos adultos que en aquel momento cuidaban de tres niños están muertos, y Ericilete, Helton y Rodrigues huérfanos tanto de padre como de madre. ¿Qué sería de ellos sin Khanimambo?
Una madre debería ser alguien indestructible al menos durante unos determinados años de vida de los hijos. Debería ganar un “bonus” de vida al dar vida… porque no hay nadie más necesario que ella para que sus hijos crezcan felices, seguros, fuertes.
Helton y Ericilete querían mucho a su madre, a pesar de que ella hizo lo posible para no apegarse a ellos, no los cuidó bien y sufrieron de pobreza de mimos. Pero era su madre, y una madre es una madre, y se la quiere por encima de todo.



Guardaré todas las imágenes de Belinha con vida, para algún día hablarles a sus hijos de los guapa que estaba el día que recibió una falda corta en Khanimambo y por fin todos pudimos comprobar lo bonitas que tenía las piernas, o el día que Ericilete cumplió 6 años y lo contenta que estaba con la fiesta improvisada que hicimos en el porche. Les hablaré de cómo su madre tenía una complicidad especial con Kena, y cómo era de graciosa cuando defendía sus posturas indefendibles. Fue una madre para su hermana pequeña, que hoy le llora a “su mamani” cuando su marido la maltrató y la acogió en su casa. Dejaré a un lado el abandono en la lucha contra el SIDA, y todo el sufrimiento que se ha quedado en el camino, dejando unas huellas en la arena de una persona que no quiso vivir. Eso, no tiene sentido que lo sepan.
La vida me ha dado dos niños más a los que cuidar con todo mi corazón, los tengo dormiditos en mi regazo en pleno velatorio de su madre, y sé que están tranquilos porque saben lo que aquí en Xai-Xai significa Khanimambo. Toda la seguridad que yo he sentido en la mano de mi madre cuando la he necesitado, es igual que confianza que sienten estos niños en la palabra Khanimambo.