17 octubre 2010

manifestándonos contra la HIPOCRESÍA

Hace un rato he hablado con mi madre, y me ha confirmado que como cada año, asistirá a la Manifestación contra la Pobreza, del 17 de octubre. Se que no puede fallar, porque es su manera de recalcar lo mucho que desea que las cosas cambien para los más débiles.

Aquí en Xai-Xai no habrá ninguna manifestación, la suya es diaria, y en forma de sacrificio en una dura supervivencia que muchos no conseguirían aguantar.



Pero hay que manifestarse, hay que gritar en nombre de todas estas personas que sólo pueden mirar al frente día a día para alimentar a sus hijos, para soportar el dolor de las muertes cercanas y continuas, para tratarse de enfermedades sin cura.
Mamá, ahí estaré contigo, mañana gritando bien alto que esto es injusto, que es inadmisible que tantas tantas tantas personas vivan con demasiado y sin ayudar a los demás y que muchas más vivan sin nada. Que lo que sigue a la palabra pobreza es HIPOCRESÍA y que aún estamos muy lejos de conseguir que niños como Rael tengan lo que se merecen en la vida.
Estamos juntas.

04 septiembre 2010

sólo TRES años

Tres años que han pasado volando.

Tres años viviendo en África, luchando porque haya más justicia en los despertares de los niños que forman la familia e Khanimambo. Tres años defendiendo que sí es posible hacer algo y no sólo eso, sino que hay que hacerlo, todos debemos contribuir en esta lucha.
Tres años respirando el amanecer mágico que ilumina todos los retos por vencer, tres años acostándome con las estrellas africanas animando todas las decepciones que las dificultades africanas o el egoísmo capitalista traen.

Tres años viendo crecer a los niños, formando parte de sus vidas, conociendo sus manías, sus habilidades, sus secretos. Tres años compartiendo sus deseaos e intentando hacerlos realidad. Tantos niños que han pasado por mis brazos y que siguen estando dentro de ellos.

Tres años entendiendo África, aprendiendo de su respeto, de su ritmo.

Tres años peleando contra la corrupción, contra los abandonos, contra las malas cosechas o las intensas lluvias.

Tres años siendo parte del día a día de este mundo, que cada vez me parece más lejano y más interesante.
Y tres años sintiendo que esto no ha hecho más que empezar, que cuántos más años pasen, más tiempo tengo que seguir viviendo en mi querida África.

20 agosto 2010

MI TESORO!

Se han quedado atrás muchas cosas, como vagos recuerdos de un tiempo lejano que en verdad dejó de existir hace pocos días.
Ahora Khanimambo es otra cosa, ya no es un tesoro que sólo me pertenecía a mí y a quienes más cerca estaban de los pequeños y primeros maravillosos descubrimientos. Khanimambo ya no es un despertar tras otro como algo milagroso. Ya no es un solo niño ni una sola etapa.
Vamos acumulando etapas, niños, descubrimientos, avances… toca seguir. Es imparable. Y Así, se van quedando atrás esos días en los que me tuve que despertar a fuerza de ilusión por crear algo que algún día viviría sólo.
Eso ya existe. Lo sé reconocer… miro de lejos, sin que me vean los demás. Y veo un ritmo, un horario, unos juegos, unas pandillas, unos papeles encima de una mesa que no es la mía, historias en las que sólo me toca escuchar… eso que veo de lejos es Khanimambo. Lo creé yo… pero ahora toca dejarlo crecer a su ritmo y yo ya no lo marco.



Khanimambo tiene vida propia, y esto es, me imagino… comparable a ese momento en que una madre debe dejar que su hijo haga su camino.
Seguiré aquí, a su lado. En todo lo que me necesite, Khanimambo siempre me tendrá.

02 marzo 2010

CARLITOS... MAÑANA ES NUESTRO DÍA

Simão tiene 17 años, pero su apariencia no le hace ningún favor. Nadie apostaría por más de 11 años. Es tímido, casi transparente. Sus músculos frágiles como su sonrisa que nunca deja asomar, por miedo a perderlo todo. Pero ¿qué le queda a un niño, que ha pasado por la vida entre malos tratos, abandono, soledad, incomprensión, silencios…?
Sobrevivió durante años de la mano de una vecina, oculta entre la primera apariencia de querer ayudar a un niño abandonado, le acogió en su casa a Simão y a su hermana. Un nuevo infierno que nadie supo adivinar hasta que las huellas del mal trato hicieron que todos los adultos con cabeza que les rodeábamos, nos muriésemos de pena, de culpabilidad….
Pero este niño frágil supo decir que no, que no quería eso en su vida, y que volvería a casa de la madre que les abandonó con tal de no seguir viviendo un abismo de incomprensiones. Salió como un hombre de esa casa, y entró en casa de su madre con la cabeza agachada, no tengo a donde ir…
Pero su madre le acogió solo con el apetito de comer parte de la comida que Simão traía debajo del brazo gracias a Khanimambo. No le apoyó en nada hasta que este abandonó durante las últimas semanas de curso 7º, los exámenes finales, el sueño de ser veterinario.
En Khanimambo ha pasado desapercibido en la pandilla de los niños de su edad, y su sombra se dejó ver cuando los dos intentábamos hablar, a pesar de ser difícil porque Simão apenas confiaba en mi, con cuentagotas me dejaba entrever su infelicidad pero no conseguía cumplir con los planes que los dos hacíamos. Más de un ultimátum le tuve que dar en los últimos años, sin saber sus más difíciles secretos, me rogaba quedarse. Y se lo permití, una y otra vez, pidiéndole que confiara más en mí.
Cuando se fue a casa de su madre, y esta permitió que Simão abandonara los estudios, cambié de estrategia y empezamos a escribirnos cartas. Eso funcionó, porque a solas con una hoja con títulos como ¿Me quiero quedar en Khanimambo? ¿quiero seguir estudiando?... Simão empezó a encontrar la luz en su vida, confiaba en mí a ciegas sin mirarme a la cara, con dibujos y palabras que me demostraban que no podíamos abandonarle.
Un voto de confianza, una casa nueva, una excepción en cuanto a los repetidores, una mano que le cogió a tiempo y finalmente un abrazo: “Khanimambo tía Alexia”
Le hemos regalado a Simão una oportunidad de recuperar el tiempo perdido o por lo menos de vivirlo mejor a partir de ahora, en su casa nueva, la que le hemos alquilado y amueblado con todo lo que se merece. Repite 7º, saltándose la norma de que está prohibido repetir en Khanimambo y los dos, entre cartas y dibujos, nos hemos conocido mejor, lo suficiente… para que el abrazo del pasado viernes no lo vayamos a olvidar ninguno de los dos…

“Carlitos, mañana es nuestro día”



Y Carlitos, se alejó de nosotros poco a poco aún con la cara cabizbaja, sin creerse que las cosas puedan llegar a cambiar, con miedo a confiar en su nuevo amigo, el mismo que le promete que mañana los dos saldrán de un pozo muy oscuro. Dentro de los pensamientos más negros, Carlitos giró la cabeza, al mismo tiempo que Simão le alzaba la mano, con un hasta mañana.
Carlitos repite historia, la de tantos… de injusticias que jamás se deberían contar. Creemos que tiene 8 años, pero su fecha de nacimiento sólo refleja el azar del día que le registré. Abandono, vecina que le hace trabajar demasiado a cambio de vivir en su casa, ningún familiar. Dientes mal cuidados, pelo enredado.
Llega a Khanimambo, con mucho que curar, con mucho que sanear. Su refugio donde ha sonreído más que en ningún sitio, donde ha encontrado a sus amigos, su familia. Le defendimos, empezaron a cambiar las cosas. Zapatos nuevos, para un nuevo camino.
Pero apareció la madre que le abandonó hace ya demasiados años. Apareció siguiendo el olfato de la comida de Carlitos, la que su padrino le manda cada mes, y de esa manera, este niño con una pena cada día más lejana, me pidió vivir con su madre. Una alcohólica incapaz de quererle como se merece pero que no deja de ser su madre.
Dos meses para que cambiase la bebida, la suciedad, la mala vida por una responsabilidad y un compromiso que le exigíamos como única condición de que su hijo se quedara con ella. Pero no ha cumplido, no ha conseguido dejar atrás nada, aún con la tripa llena y un hijo que le adora a su lado.
La salud de Carlitos, que ha estado sin comer días enteros, sucio y lejos de Khanimambo, no puede esperar por una mujer que no parece afectarle lo más mínimo que su hijo vuelva a alejarse de él.

Ahora Carlitos vive con Simão, los dos juntos empiezan a ver la luz, en una casa donde no va a faltar nunca de nada para que puedan disfrutar de la vida que tanto han perdido estos años.

(FOTO DE ERIC FERRER: www.ericferrerphoto.net)

06 diciembre 2009

GIL, LA MÚSICA DE KHANIMAMBO

Todavía recuerdo tu mirada del primer día que hablamos. Cómo la bajaste durante unos segundos antes de responderme que no querías contarme lo que habías pasado hasta tener llegar ahí… a ese lugar entre la resignación de sentir que tu vida no es cómo quisieras y la desconfianza que da una persona de otra raza que no conoces y no sabes qué quiere hacer con tu historia...
Te respeté, y confié en que algún día tendríamos la amistad de hablar de todas nuestras cosas.
Han pasado dos años y hoy hemos llorado juntos ante una despedida, que no lo es. Sólo un paso, hacia la madurez, hacia la vida adulta.
Esta tarde te has despedido de Khanimambo Gil, donde un día fuiste un ahijado y donde después has sido un trabajador del equipo.
Esta tarde, mientras cantábamos todos juntos la canción de Khanimambo, que se ha convertido en nuestro himno, el momento en el que todos los niños (o sólo los del coro) cuentan a través de la música vuestra historia, la tuya y la de ellos. No te lo he dicho nunca y quizás te enteres algún día por este blog que el día que compusiste esa canción hace dos años es uno de los mejores recuerdos que tengo hasta ahora. Atardecía cuando apareciste con tu guitarra para enseñarme algo. Juntamos a los niños en el porche, me senté rodeada de todos ellos y escuchamos una versión extra larga de la canción más bonita del mundo (para mi, claro). La canción de los niños de Khanimambo, de cómo era vuestra vida antes y después de conocernos. Todos nos quedamos boquiabiertos y ese día sentí tu grandeza como artista. Tienes una capacidad brillante para componer, tocar y llegar hasta lo más hondo con tu voz africana. Si no triunfas en un quirófano como médico, lo harás en un estadio en pleno concierto de cantautor. Estoy segura.

Ahora te vas, sin querer hacerlo… para que puedas estudiar medicina que es tu sueño. Sabes que será difícil conseguirlo y te tira más la comodidad, la seguridad que tienes ahora junto a nosotros. Pero pienso en ti, en que necesitas saber si lo puedes conseguir o no para no dejar un sueño sin cumplir. Escondo mis miedos, mis lágrimas mientras nos abrazamos al despedirnos con todos los niños de Khanimambo mirándonos, y te susurro, lucha y lo conseguirás.
No sé si conseguirás llegar a ser médico, las pocas plazas en las universidades y el haber estado apartado de los estudios un año no te lo ponen fácil. Pero sé que el camino de esta lucha te va a ayudar a crecer y al final de ese camino Gil estaremos esperándote con los brazos abiertos, deseando cantar de nuevo contigo la melodía que en tantos momentos nos ha hecho emocionarnos… oé Khanimambo.
Has sido, y siempre serás la música de Khanimambo.
Foto de Eric Ferrer (www.ericferrerphoto.net)